Se estima que en el sur de Florida hay más de 100,000 familias venezolanas. La mayoría de los que dejan el país son jóvenes y dejan atrás a sus familiares padeciendo los problemas de un país con una inflación acumulada de cuatro dígitos, una aguda escasez de alimentos y falta de medicinas.
Algunos venezolanos han encontrado en el envío de mercancía, una solución para el abastecimiento de sus familias que permanecen en el país, especialmente en Navidad.

El venezolano Benito Canelón es desde hace 10 años gerente general de Send Logistics, una empresa de envíos desde Florida a su país. Dice que el mes de noviembre es el de más envíos debido a la Navidad: “En comparación con otros meses, en los últimos dos del año vemos un incremento de 300% en nuestros envíos. A finales de noviembre salió el último contenedor que podía llegar a tiempo para Nochebuena”, dijo.
Canelón dice que en un mes regular Send Logistics manda por vía marítima 350 cajas, lo que equivale a un contenedor; mientras que en noviembre de 2017 enviaron alrededor de 800 cajas, o sea, dos contenedores.
Ingredientes para las tradicionales hallacas
Además, explica, los productos enviados han cambiado. “Principalmente están enviando comida. También algunos regalos de navidad y ropa usada. Pero lo que más se ve es arroz, enlatados, azúcar, frijoles, pasta, papel higiénico, pasta dental, todo lo que es de primera necesidad”, dice.
Por ejemplo, muchos clientes han decidido mandar ingredientes no perecederos para las hallacas, el tradicional plato venezolano de esta época. “La gente está enviando aceitunas, harina, almendras, todo eso para hacer las hallacas que es difícil de conseguir o demasiado costoso allá”.
A finales de noviembre, Max Rivas, un venezolano que lleva años instalado en Estados Unidos, fue al galpón de Send Logistics para mandar unas cajas a su madre en Caracas. “Antes enviaba regalos, una camisa, juguetes para mis sobrinos, pero ahora tengo que mandar comida. Es difícil creerlo, verme comprando café para enviar a un país cafetero. Me piden chucherías tradicionales de nuestra infancia, que ahora solo podemos comprar aquí”, se lamenta.
Aun cuando para los inmigrantes venezolanos en Estados Unidos resulta difícil llegar a fin de mes, en algunos casos es más viable cubrir los gastos de comida y bienes básicos desde Florida que en Venezuela.
Un salario mínimo mensual en Florida es de 1,300 dólares y el costo de envío por barco de una caja mediana es de aproximadamente 45 dólares. Mientras, en Venezuela, el costo de una canasta básica alimentaria asciende a 3,822,128 de bolívares (33 dólares al cambio no oficial), y el salario mínimo mensual es de 177,507 bolívares, que equivale a 1.5 dólares.
Mónica Traverso lleva dos años viviendo en Miami y cuenta que en su casa, los regalos también cambiaron esta Navidad. Traverso mandó una caja para que llegara antes de las fiestas, aunque su plan es viajar a Caracas para estar con sus familiares el 24 de diciembre. “Además de lo que mando por cajas, mis maletas ya no llevan prendas de ropa ni zapatos de regalo, sino productos básicos, más que todo: comida”.
El regalo de mandar una caja
El número de compañías de envíos también ha crecido. Sólo en la ciudad de Doral, según una búsqueda rápida en Google, hay más de 50 empresas que se dedican a envíos puerta a puerta desde Miami y Fort Lauderdale a Venezuela.
La mayoría de estas compañías ofrece envío aéreo de paquetes, envío marítimo de carga, reembalaje de paquetes, e incluso hacer la compra y enviarla.
El tiempo de entrega de un envío aéreo es de una a dos semanas. Mientras que la carga marítima tarda entre tres y cinco semanas para ser entregada en Venezuela. La tarifa para envíos aéreos es de 4.5 dólares por libra aproximadamente; en los envíos marítimos, 18 dólares por pie cúbico.

Un lujo que pocos se pueden dar
Muy pocos venezolanos pueden enviar comida o insumos a sus familiares desde EEUU. “Ahora me están pidiendo también comida”, dice sobre las familias recién llegadas a Miami Patricia Andrade, directora de Raíces Venezolanas, una organización que las asiste. “Antes llegaban con un poco más de dinero, pero ahora vienen con mil dólares y tienen las neveras vacías”.